El pasado 26 de mayo, la delegación de Heifer México participó en el Foro GLI Latam 2026, realizado en Lima, Perú, uno de los espacios más relevantes de América Latina para impulsar la inversión con enfoque de género, la adopción de perspectivas más inclusivas en el ecosistema financiero y la construcción de alianzas capaces de acelerar el desarrollo económico de la región.
Pero la presencia de Heifer México en este foro no fue únicamente una participación institucional. Fue, sobre todo, una señal clara de hacia dónde estamos moviendo nuestra comunicación, nuestra vocería y nuestra manera de posicionar el impacto territorial: del discurso sobre las comunidades al protagonismo directo de quienes lideran la transformación desde el territorio.
En un espacio que reúne a personas líderes del ecosistema inversor, academia, sector privado, sector público, filantropía, instituciones financieras, organismos multilaterales, ONG, emprendedoras y medios de comunicación, Heifer México llevó una historia nacida en Chiapas, México, hasta una conversación regional sobre inversión, igualdad, territorio y poder colectivo. Y lo hizo con una convicción sencilla pero profunda: si hablamos de desarrollo sostenible liderado localmente, las voces locales no pueden ser invitadas simbólicas; deben ser el centro de la conversación.
La representación de Heifer México en Lima se construyó a dos voces: la de Marlen Rubio, Directora de Programas de Heifer México, y la de Yumara Salas Ramírez, apicultora, productora de café orgánico y lideresa comunitaria de Santa Rita, Chiapas.
Esta dupla reflejó una actualización fundamental en nuestra forma de comunicar. Marlen aportó la mirada programática, técnica e institucional de Heifer México; Yumara llevó la experiencia viva del territorio, la agencia colectiva de las mujeres productoras y la claridad de quien no habla desde una teoría del cambio, sino desde una parcela, una cooperativa, una comunidad y una historia de liderazgo que ha abierto camino.
En esa combinación se expresa una nueva forma de vocería para Heifer: una vocería donde la centralidad no recae únicamente en la institución, sino en la agenda, la experiencia y el protagonismo de las productoras. La organización acompaña, facilita, articula y abre espacios, pero no sustituye la voz de quienes sostienen los sistemas alimentarios desde la raíz.
Eso es Comunicación Liderada Localmente: no hablar por las comunidades, sino crear condiciones para que las comunidades hablen por sí mismas, con su propia voz, desde sus propias prioridades y con plena dignidad.
El Foro GLI Latam 2026 llegó a Lima bajo el lema “Nuevos Horizontes”, con una apuesta clara: escalar lo que funciona y proyectar nuevas soluciones desde la intersección entre tecnología, territorio y poder colectivo. Su agenda incluyó paneles con vocerías internacionales, workshops, sesiones de co-creación, intercambio de ideas, casos de estudio globales, espacios de networking y feria de emprendedoras.
La relevancia del foro no es menor, y por eso posicionar ahí la historia de Yumara representa un hito para Heifer México. En su edición 2025, el GLI reunió a más de 1,700 asistentes, con una audiencia diversa: 43.1 % del sector privado e inversionistas, 23.9 % de ONG, 13.2 % de emprendimientos, 4.6 % de academia, 4.6 % de organismos multilaterales, 4.4 % de medios de comunicación, 3.5 % de sector público y 2.7 % de redes.
Además, el ecosistema GLI reporta más de 4,000 asistentes acumulados, más de 500 ponentes, más de 30 países representados y más de 200 sesiones. En términos de visibilidad pública, su edición previa generó más de 500 notas publicadas en medios Tier 1, cobertura en 10 países de 3 regiones y un alcance digital superior a 640,000 personas a través de redes sociales y newsletter.
La participación de Yumara en Lima también marcó un exitoso primer saque nacional de la campaña global “Ella tiene una historia que contar”, una iniciativa que busca visibilizar las voces, trayectorias y liderazgos de mujeres agricultoras en el marco del Año Internacional de la Mujer Agricultora 2026.
En el caso de Heifer México, esta campaña no se planteó como una pieza conmemorativa más. Se activó como una plataforma narrativa para demostrar que las mujeres productoras no son únicamente parte de los sistemas alimentarios: los sostienen, los transforman y los proyectan hacia el futuro.
Yumara es protagonista de “Mariposa 89”, un fotorreportaje documental realizado por la reconocida fotoperiodista y National Geographic Explorer Lys Arango. Esta pieza audiovisual formó parte de la exposición presentada durante el Foro GLI, llevando al centro de un espacio internacional la vida, el trabajo y el liderazgo de las mujeres en las laderas chiapanecas.
El fotorreportaje retrata una realidad contundente: las mujeres representan cerca del 40 % de la fuerza laboral del café, pero apenas ocupan alrededor del 10 % de la titularidad de las tierras. Esa brecha no es solo estadística; es una forma de invisibilidad histórica.
De ahí nace el nombre de la obra. Yumara cuenta que, durante la temporada de cosecha, aparecen grupos de mariposas con el número 88 dibujado en sus alas. Pero hay otras, pocas y difíciles de ver, que llevan el 89.
“Nosotras igual”, explica Yumara. “Existimos, pero no se nos ve”.
Esa frase condensa el corazón de la campaña. Se trata de reconocer una historia que ya existe, una voz que ya estaba hablando y un liderazgo que ya estaba transformando su comunidad antes de llegar a cualquier escenario internacional.
Frente a esa invisibilidad histórica, Yumara ha abierto brecha. Fue la primera mujer elegida como secretaria de la Cooperativa Sierra Azul y actualmente trabaja en el control de calidad y catación del grano en el centro de acopio de Jaltenango de la Paz. Además, impulsa Café 89, una iniciativa legalmente constituida que exporta café producido por mujeres hacia Europa y Japón.
Yumara representa el tipo de liderazgo que Heifer México busca acompañar: mujeres productoras que no esperan a ser rescatadas, sino que organizan, producen, negocian, aprenden, enseñan y transforman las condiciones desde las cuales participan en la economía rural.
Una semana antes de su participación en Lima, conversamos con Yumara sobre cómo se traduce la inversión con enfoque de género en la vida diaria de una productora en su comunidad. Su respuesta fue directa, concreta y profundamente estratégica:
“Considero que se traduce en tres puntos muy importantes: tiempo, dinero y parcelas propias”.
Para Yumara, invertir con enfoque de género significa que una productora cuente con herramientas en buenas condiciones para avanzar en su trabajo y ahorrar horas. Horas que después puede dedicar a capacitarse, aprender nuevas habilidades, participar en espacios de decisión o fortalecer su autonomía.
También significa libertad económica: poder decidir en qué invertir su dinero, ya sea en sus hijas e hijos, en su parcela, en su negocio o en otras necesidades propias. Pero, sobre todo, implica invertir en la visibilidad del trabajo de las mujeres, creer en su voz y crear condiciones para que tengan un papel activo en la economía y en la sociedad.
Con esa claridad, Yumara nos recuerda que la inversión con enfoque de género no se mide solo en montos desembolsados o en indicadores financieros. Se mide en autonomía real, minutos recuperados, acceso a recursos, reconocimiento comunitario y capacidad de decisión.
En un foro donde se discute el futuro de la inversión en mujeres, esta perspectiva resultó esencial. A nivel global, se necesitan más de 360 mil millones de dólares anuales para alcanzar la igualdad, mientras que apenas el 0.01 % de los recursos se destinan a financiarla. En América Latina, solo el 6 % del capital de fondos de inversión se dirige a empresas lideradas por mujeres, frente al 94 % dirigido a empresas lideradas por hombres.
En ese contexto, la voz de Yumara llevó la conversación a su raíz: invertir en mujeres rurales no es un gesto periférico de inclusión; es una estrategia para transformar sistemas alimentarios, fortalecer economías rurales y abrir mercados más justos desde el territorio.
Uno de los mensajes más poderosos de Yumara fue su postura frente a las narrativas tradicionales de asistencia social. Con total nitidez, planteó qué idea habría que borrar del imaginario sobre las mujeres rurales:
“Lo primero que borraría es la idea de que las mujeres del campo somos muy vulnerables; la realidad es otra. Lo que buscamos realmente son oportunidades de financiamiento que nos ayuden a salir adelante por nosotras mismas”.
Su afirmación toca una fibra central del nuevo posicionamiento de Heifer México. Nuestro trabajo no parte de una mirada asistencialista, sino de una visión de transformación sistémica. Acompañamos procesos donde las mujeres productoras fortalecen capacidades, acceden a mercados, participan en cadenas de valor, construyen agencia colectiva y generan alternativas económicas desde sus propios territorios.
La historia de Yumara no pide compasión. Exige reconocimiento, inversión, condiciones justas y espacios reales de decisión.
La participación de Heifer México en el Foro GLI 2026 demuestra que la comunicación no es solo una herramienta para contar lo que ya ocurrió. También es una forma de abrir camino, disputar narrativas y posicionar nuevos enfoques ante audiencias estratégicas.
Llevar la historia de Yumara a Lima permitió mostrar cómo en México estamos materializando el Desarrollo Sostenible Liderado Localmente a través de una Comunicación Liderada Localmente: una comunicación con evidencia, territorio, rostro, voz y propósito.
Esto significa transformar la manera en que se construyen las historias institucionales. Significa pasar de hablar de “beneficiarias” a hablar de productoras, lideresas, socias, voceras y agentes de cambio. Significa dejar de colocar a las mujeres rurales como testimonio final de un proyecto y empezar a reconocerlas como protagonistas de las soluciones.
También significa entender que una campaña global puede nacer desde una historia local sin perder escala. Al contrario: puede ganar fuerza precisamente porque nace de la tierra, de los saberes vivos y de una experiencia concreta.
La presencia de Marlen Rubio consolidó la postura técnica de Heifer México ante inversionistas y aliados globales, asegurando que los diálogos sobre inversión, equidad y desarrollo económico permanecieran conectados con la realidad territorial. Su participación permitió enmarcar la experiencia de Yumara dentro de una visión programática más amplia: sistemas alimentarios sostenibles, enfoque de paisajes, resiliencia climática, mercados justos, alianzas multiactor e inclusión económica.
La presencia de Yumara, por su parte, hizo algo igual de importante: recordó que ninguna estrategia de inversión con enfoque de género estará completa si no escucha a las mujeres que producen, organizan, comercializan, cuidan la tierra y sostienen la vida comunitaria.
Ese fue el verdadero hito. No solamente que Heifer México estuviera en el Foro GLI Latam 2026. Sino que una historia de Santa Rita, Chiapas, llegara a un escenario internacional para hablar de autonomía, café, tierra, tiempo, dinero, liderazgo y futuro.
“Mariposa 89” y la participación de Yumara en Lima son apenas el inicio. Son una prueba de que Ella tiene una historia que contar puede convertirse en mucho más que una campaña: puede ser una plataforma de posicionamiento, aprendizaje y movilización para visibilizar el liderazgo de mujeres agricultoras en México y en la región.
Desde Heifer México, esta experiencia reafirma una convicción: los sistemas alimentarios sostenibles no se transforman desde escritorios lejanos, sino desde comunidades con agencia, mujeres con liderazgo, juventudes con futuro, alianzas con propósito y narrativas que devuelven el poder a quienes ya están cambiando la realidad.
De Chiapas a Lima, la voz de Yumara no viajó sola. Viajó con el eco de muchas mujeres productoras que existen, trabajan, lideran y transforman, aunque durante demasiado tiempo no se les haya visto.
Hoy, esa historia empieza a verse. Y también empieza a mover agenda.