Desde Santa Ana del Río hacia Barranca Fierro, se ha tejido un proceso de acompañamiento basado en el Pase en Cadena, un modelo donde el saber mezcalero deja de ser un secreto de familia para reconocerse como herencia colectiva. A pesar de las variantes lingüísticas entre ambas agencias, el entendimiento mutuo ha fortalecido una identidad colectiva donde el territorio dialoga desde la reciprocidad.
Este tránsito, acompañado por Heifer Internacional México bajo el proyecto “Modelo de Gestión Comunitaria para la Restauración del Paisaje Agavero” marca el momento en que las familias dejan de ser proveedoras de materia prima para convertirse en gestoras de su propio origen. Mientras el primer palenque comunitario cuenta ya con 7 años de organización y una marca colectiva, el nuevo espacio en Barranca Fierro (inaugurado oficialmente el 12 de septiembre de 2025) representa la consolidación de su soberanía sobre el conocimiento y los medios de producción. Mediante la cocreación de palenques comunitarios las comunidades avanzan hacia una autonomía productiva que les permite transformar su propio agave y construir valor agregado desde el territorio.
Entre noviembre de 2025 y marzo de 2026, los maestros mezcaleros Isaías e Inocencio Cruz Olivera y Jairo Omar Rodríguez Cruz pusieron en manos de 15 familias, saberes que han viajado por 6 generaciones. Este proceso recorrió el ciclo completo del mezcal, en jornadas de minuciosa dedicación, ejemplo de ello fue el primer ciclo de producción de Barranca Fierro, que se extendió durante 23 días, desde la cocción de las piñas el 6 de noviembre, hasta la refinación del destilado el día 28. Bajo el acompañamiento técnico del Ing. Enrique Barroso Mejía, se ha constatado que la precisión de este conocimiento tradicional es tan notable, que los maestros identifican el grado alcohólico a través del perlado y utilizando un carrizo, observando el tamaño y permanencia de las burbujas en la jícara, siendo una capacidad que, al ser utilizado el alcohómetro, confirma que ese rigor empírico no presenta discrepancia alguna frente a herramientas técnicas.
El ritmo del proyecto cambió en abril de 2026, cuando el mezcal de Barranca Fierro provino, por primera vez, de agaves cultivados por las propias comunidades. En una región donde el maguey puede tardar más de una década en madurar, este primer goteo simbolizó el fin de una espera y una apuesta que respeta los tiempos de la naturaleza.
Frente a la presión ambiental que enfrenta el sector, el paisaje se piensa como un sistema vivo, donde la conservación de agaves endémicos se da mediante viveros comunitarios que permiten recuperar suelos y biodiversidad, integrando incluso perchas para aves y bebederos para fauna. Actualmente, en colaboración con organizaciones aliadas, se integran mediciones de captura de carbono para evaluar y fortalecer el impacto ambiental de estas prácticas.
La diversificación productiva funciona como el soporte vital de las familias mientras el agave madura. Mediante la producción de huevo, hortalizas para desayunos escolares y el manejo de ganado ovino para el control agroecológico de maleza, las comunidades tejen una red de seguridad alimentaria que les permite sostener el proyecto sin comprometer el paisaje.
En este contexto, la participación de las mujeres transforma las dinámicas tradicionales del mezcal. Aunque la propiedad de la tierra sea tradicionalmente masculina, ellas son quienes hoy sostienen la gobernanza y la estructura organizativa. Su integración en la jima y el acompañamiento técnico en el palenque las posiciona como guardianas de una continuidad cultural que ahora también lleva su nombre.
Más allá de la elaboración de una bebida, el palenque comunitario es un espacio donde convergen memoria, sostenibilidad, cooperación y herencia. Cada destilación representa una afirmación colectiva frente a modelos extractivos, demostrando que, en Santa Ana del Río y Barranca Fierro, el mezcal no se limita a un producto de mercado, sino que representa una forma de nombrar el saber colectivo en el futuro comunitario.