Tejedoras de Vida

Es muy interesante conocer esta experiencia de empoderamiento de mujeres y hombres que han sostenido por más de 3 años emprendimientos que han mejorado sus ingresos y su vida.

Compartir en redes sociales

En Teotitlán del Valle, Oaxaca, se tejen a diario historias, pues es el lugar de origen de los famosos tejidos de lana elaborados en grandes telares de madera que contienen claves de la cultura ancestral zapoteca. Y para tejer una historia más —la de mujeres productoras de huevo libre de jaula y estrés— nos reunimos con cinco de ellas y, rodeadas de sus niñas y niños, que jugaban por momentos y por momentos se integraban a la plática, nos sentamos en círculo a la sombra de un árbol para tejer una pequeña historia.

Estas mujeres conforman una alianza de productoras que abastece una parte de la demanda de huevo en las comunidades del entorno (Teotitlán del Valle, San Juan Guelavía, San Marcos Tlapazola). Es muy interesante conocer esta experiencia de empoderamiento de mujeres y hombres que han sostenido por más de tres años emprendimientos que han mejorado sus ingresos y su vida. Ellas conformaron un grupo de autoayuda económica con una presidenta, tesorera y vocales. En este texto recuperamos su voz y su experiencia.

¿Cómo logran permanecer organizadas después del cierre del proyecto HHMX?

Elvira: “Lo que tiene y hasta ahorita ha tenido el grupo es la tolerancia de respetar el reglamento interno que tenemos entre nosotras. Yo creo que eso es lo importante para permanecer unidas. Por eso nuestro grupo es de autoayuda. Aunque somos mujeres de diferentes comunidades, aquí hay equidad, todas ponemos.”

Brenda: “Lo que funcionó es la perseverancia de cada una.”

Elvira: “Personalmente, pues no echar en saco roto todo lo que hemos aprendido. Siempre hemos tenido pollos, pero no sabíamos del manejo que se requiere.”

Lucía: “Básicamente es la información de que más allá de tener pollos se puede emprender un negocio. Principalmente yo así lo he notado, porque en nuestra comunidad hay mucha gente que se acerca y nos pregunta cómo le hacemos, porque empezamos con poco y ahora ya tenemos 200 [aves].”

Cristy: “Además, recibimos un Pase en Cadena® en efectivo, que invertimos y hemos estado recuperando poco a poco, de modo que al paso de dos años tengamos el dinero inicial y estemos listas para hacer nuestro propio Pase en Cadena a otro grupo de productoras.”

Elvira: “Decidimos invertir en pollos de engorda porque se recupera pronto, aunque no todas tuvimos éxito; algunas decidimos seguir con las gallinas de postura y otras con pollos de engorda.”

Cristy: “Yo en octubre [2023] descarté 100 gallinas; actualmente tengo 250 aves, recolecto 90 huevos diarios, tres conos, y el mercado me permite vender diario. Las que están poniendo y las que nacieron hace cinco semanas ya estarán rompiendo postura.”

¿Para el tema de los pollos blancos, también están asesoradas?

Brenda: “Yo tengo cuatro años en la Fundación Envía.”

Elvira: “Yo tengo dos años en la Fundación Envía. Heifer nos capacitó en temas de postura, clasificación del huevo, limpieza, separación del huevo, selección de aves, calendario de vacunación, medicamentos y enfermedades. La parte de microfinanzas ha sido con Fundación Envía, y la parte técnica con Heifer; con nuestro promotor nos capacitamos en la aplicación de vacunas.”

Brenda: “Aprendimos de los registros: ¿cuánto invertía en cada parvada?, ¿cuánto gastaba en los insumos? A largo plazo ahora veo las ganancias.”

¿Cómo fijan el precio de una gallina de descarte?

Brenda: “Aquí tenemos la gran fortuna de vivir en una comunidad donde todo cuesta y cuesta mucho; son gallinas criollas, y por el cuidado que se les da en casa, las pagan en $200, $230 o hasta $250 pesos. Así que se vuelve un muy buen ahorro. Las recomendaciones que nos dio el técnico son que, al momento de comenzar a disminuir la producción [de huevo], hay que darles maíz y soya; les damos también tortilla seca y ganan peso.”

(Nota: gallinas de descarte son aves que ya han dejado su etapa de postura y se utilizan para el consumo.)

¿Qué las hace diferentes de otras participantes del proyecto?

Elvira: “Otras familias trabajan muy duro; por ejemplo, el trabajo del telar es duro y tienen que trabajar mucho para poder tener dinero. En cambio, para mí es más tranquilo el trabajo.”

Cristy: “El nivel de endeudamiento: aquellas familias que no participan en el proyecto se endeudan para cubrir los gastos familiares.”

Brenda: “Si estamos aprendiendo algo, adquiriendo algo nuevo, hay que intentarlo poco a poco, conforme se van dando las cosas. Ya está la inversión, ya está el tiempo; si no sale la producción, hay que buscar otras alternativas, preguntarle a la compañera. Aquí sí hay buena comunicación.”

Elvira: “¿Qué crees? Ahí me está pasando eso, y así más en tiempo de lluvia, en tiempo de calor. Hay que comprender que también afecta el clima. El alimento afecta: si uno las descuida, con tres días que las descuides o que se interrumpa la rutina, se nota. Fue mucho aprender de esas primeras 50 aves que tuvimos.

A mí me costó mucho llevar mis registros, porque no estoy acostumbrada. Me preguntaba: ¿cuánto gastaste este mes?, ¿cuánto recolectaste?, ¿cuánto estás ahorrando?, ¿cuántos huevos vendiste? De a poquito fui sacando mis cuentas en promedio.

Cuando renuevo la parvada y sube un poco el precio por la inflación —las gallinas me las dan hasta $10 pesos más caras por pieza— tengo que poner de mi dinero, le pido prestado a mi marido. Le digo: ‘préstame, me tengo que renovar; de aquí a tres meses te prometo que te lo repongo.’ Y dice mi marido: ‘sí.’

Tuve que aprender más y comprometerme más, en cursos de 2:00 a 4:00 pm, en un horario donde prácticamente todas estamos en la cocina; es cosa de abandonar nuestros hogares e irnos al curso. Fue mucho esfuerzo de cada una, y crecimos. Yo sí estoy muy orgullosa de tener mi granja establecida.”

Por el hecho de ser mujer, pues no basta con ser solo ama de casa: puedes invertir el poquito tiempo que tienes para cuidar pollitos, que no sean solo de autoconsumo, sacarles provecho y decir: puedo ganar cinco pesos de un huevito, y si compro otro pollito, otros cinco. Soy capaz de generar un ingreso para la familia, un ingreso para mí y para mi propio negocio.

Erica: “Cuando yo empecé me gustó mucho, porque al principio dije que no. Luego nos llevaron a visitar las granjas y ahí me pregunté: ¿a poco funciona? Yo sí tenía muchas dudas. Nada más dije: a ver cómo mi amiga Lucía me ayuda. Y me dijo: ‘a veces tú me informas, porque a veces no capto bien la información.’ Ahí nos ayudamos una a la otra, y cuando empecé con 50 [aves] vi que sí, es una motivación que te das a ti misma. Así como vi que la señora tiene 300, tiene 500 [aves], así también quiero llegar. Ahorita nos están preguntando otras señoras cómo le hacen para entrar; yo digo: es tiempo, si ustedes quieren, es tiempo. Pero no quieren perder ese tiempo para recibir esa información.”

Lucía: “Las visitas no son a granjas de naves súper equipadas; son granjas hechas con lo que tiene uno en casa —jaja— con todo lo que se puede reciclar. Entonces es ahí donde dices: ‘si ella puede tener 300 [aves], yo en el espacio que tengo puedo tener a lo mejor las mismas 300.’ La ventaja más grande que tuvimos con Heifer fueron las capacitaciones, la parte técnica; ahí es donde lo vi más sencillo, porque ya te están dando una estrategia de cómo llevarlo a cabo, poco a poco, conforme uno se va capacitando. Nos costó ir a comunidades diferentes para que nos explicaran las que ya tienen granjas bien establecidas.”

Elvira: “Otras señoras siguieron con el modelo de tener gallinas, pero nada más de traspatio, de autoconsumo; no vieron la visión de negocio. Nomás dijeron: ‘tengo huevo en casa, carne en casa, me quedo con mis diez gallinas.’

Cuando yo entré al proyecto nos dieron el calendario de vacunación que debe tener una gallina. Nos explican que las gallinas son como un ser humano: nosotros tenemos nuestras vacunas, y si no se las aplicamos a tiempo nos enfermamos; la gallina sufre lo mismo. Y yo entiendo a las señoras que creen que un huevo de gallina vacunada ‘ya lleva ese medicamento y no es bueno’. En cambio, la información que nos dieron a nosotras es que la vacunamos, la protegemos contra enfermedades, y el huevo sale limpio y sano; en cambio, si el pollo está estresado, todo enjaulado, el huevo adquiere todo ese estrés.

Me gustó mucho que el promotor nos visitara cada mes: ‘a ver, Elvira, ¿cómo van tus apuntes?’ Fue cuando implementaron la aplicación Epicollet, y fui una de las más constantes en usarla —anotaba cuánto invertía, cuánto me costaban los pollitos, cuánta comida les daba, cuántos huevos recolecté. Al principio no me atrevía a vacunarlas, y ya vinieron a apoyarme; me decían: ‘pues le toca a usted.’ Y me atreví. Ahora vacuno a mis pollos yo sola.”

¿Y cómo les funciona la venta en el mercado?

Brenda: “Nuestro producto nomás es a nivel local, no hemos salido a Oaxaca. Se nos acaba porque el huevo aquí tiene mucha demanda, además de la calidad: es fresco, y recién levantado se lo lleva el cliente. Nos costó un poquito, pero ahora hasta nos buscan por el huevo.”

¿Cómo le hacen para no ser competencia entre ustedes? —pregunta el equipo de Heifer México

Elvira: “Vivimos en diferentes zonas; no coinciden nuestras granjas. Dos son de otra comunidad y cuatro somos de aquí de Teotitlán.”

María: “Ya tenemos nuestros clientes, cada una tiene los suyos.”

Brenda: “La otra es respetar la clientela y el precio, sobre todo. Lo que sí nos ayudamos: cuando a mí me falta huevo, me apoyo con Elvira y le mando clientes.”

Elvira: “Y esa es la cuestión: aquí, como vivimos en una comunidad de usos y costumbres, hay fiestas casi todos los días. Como el huevo es de primera necesidad, siempre hay demanda.”

¿Y hacia dónde quieren ir? ¿Cuáles son sus expectativas?

Lucía: “Yo sí quiero crecer mi producción de pollo, tener unas incubadoras. Siento que tenemos una ventaja bien grande porque ya estamos establecidas, ya no estamos experimentando. El próximo paso sería una incubadora de 200 pollitos.”

Elvira: “Hay mucha demanda; hasta nos va a faltar producto. Otra cosa es crear nuestro propio alimento, porque eso es lo que absorbe mucho ahorita.”

Brenda: “Yo espero llegar a 250 gallinas, y ahí ya podré ver mis ganancias, eso es lo que quiero alcanzar.”

Más allá de la generación de ingresos, ¿qué otras cosas valoran de sus aprendizajes en el proyecto?

Lucía: “Ser mi propio jefe, trabajar para mí misma. Cuando es para ti, ya es redituable, estás trabajando a tu ritmo, a tu tiempo, a tu manera; ya no tienes un jefe que te esté diciendo: ‘¿sabes qué? Apúrate porque tienes que sacar la chamba.'”

Elvira: “Yo no había registrado el empoderamiento que nos da sentirnos capaces de tener un negocio propio, de demostrarle a la familia —porque vivimos en una comunidad machista— y siento que Heifer y Fundación Envía nos dan ese plus de seguir adelante.”

Brenda: “Yo sí lo registro. Otra cosa incalculable e invaluable en mi caso es lo que me ha unido con mi familia. Cuando salgo, el que se queda a cargo de mi granja es mi esposo, y él ha aprendido mucho de lo que yo he aprendido; ahora él les da de comer, colecta huevo, entrega huevo. Es invaluable, porque igual mis hijos se están educando, se están disciplinando; en mi granja hay reglas.”

Lucía: “En mi casa pusimos mi calentador solar, gracias a esto. Te motiva saber que si ya pudiste con 50 [aves], puedes con 100 más; si pudiste con 100, puedes con 200.”

Elvira: “Y no sé si se han dado cuenta, pero criar 25 pollitos toma el mismo tiempo que criar 500. Mi meta es más, pero el tiempo es el mismo.”

Erica: “A mí muchos me preguntan cómo le hago con mis animales y la casa. Yo les platico de mis animales, y creo que se dan cuenta de que son muy nobles.”

Brenda: “Los niños casi no están acostumbrados al celular, pero les digo: ‘acompáñame al gallinero veinte minutos’, y ya se hace otra cosa.”

Elvira: “Tenemos esa actividad con la Fundación Envía donde hacemos tours; a veces traen niños y les gusta ver a los animalitos. En cada granja hay reglas, por el bienestar de las aves. Por eso yo metí llaveritos con temática de granja para los turistas —pollitos, conejitos, cabras— y me fue bien, es un extra.”

Brenda: “Mi negocio, en sí, es una granja integral: a la gallinaza le doy un manejo, y de ese abono salen las hortalizas; y de esas hortalizas vendo comida y platillos que llevan huevo, carne y verduras. Van de la mano.”

Elvira: “Mi sueño es una granja integral, también tener un mercado orgánico. A mí lo que ahorita me falta es el inglés con los turistas; lo mastico, pero no me preparé. No pierdo la esperanza de poder sostener una conversación con el cliente y que se vaya satisfecho.”

Ese es un tema importante: en la relación con su esposo, ¿cambia algo?

Brenda: “Claro que cambian las cosas. Gracias a Dios ya no me falta de comer; ahora vendo un cono y lo convierto en otros insumos, y lo de las artesanías ya es para mejora de vivienda.”

Cristy: “Elvira no manejaba, hasta hace poco comenzó a manejar; creo que es muy fuerte cómo la comunidad nos percibe. Hay historias de un cambio de paradigma: tienen pareja, pero no dependen de ella; pueden generar su propio ingreso, y eso genera autoconfianza en otras mujeres que las ven. Sus niños ven que su mamá trabaja, que puede ser autosuficiente, y son niños que romperán paradigmas de tener un autoempleo.”

Al cierre de la conversación, el grupo invita a Heifer México a seguir construyendo juntos:

Cristy: “Traten de pensar también en Heifer México como un socio al que puedan decirle: ‘¡hey, ya tenemos un plan y queremos platicarlo con ustedes!’ Para ver cómo podemos colaborar.”

Lucía: “A pesar de ser pocas, qué bueno que voltean a ver a los pequeños productores, porque eso nos motiva más a seguir avanzando y a crecer.”

Elvira: “Sí, agradecemos también su visita. Cuando quieran, aquí estamos.”

Co-authored by Marcos R. López Miguel and Velia Sánchez Vásquez

Compartir en redes sociales

Más historias relacionadas